Reunión cumbre para acordar el nuevo Tratado Mundial de los Océanos

Hasta el 18 de marzo, la comunidad internacional se reúne en Nueva York para, después de décadas de negociaciones, sacar adelante un nuevo tratado del derecho de los océanos, con especial atención a la protección de la alta mar y su biodiversidad.

La comunidad internacional tiene su última gran oportunidad de conservar la biodiversidad oceánica en alta mar en la reunión que está teniendo lugar en la sede de Nueva York de Naciones Unidas, donde se ultiman las negociaciones sobre el Tratado Mundial de los Océanos, un nuevo tratado en el marco del derecho del mar de las Naciones Unidas (CNUDM), tras décadas de planificación, debate político y, más recientemente, postergaciones debido al COVID-19.

Las conversaciones, que se alargarán hasta el 18 de marzo, se centran por primera vez en la biodiversidad oceánica de las zonas situadas fuera de la jurisdicción nacional (BBNJ), también conocidas como la «alta mar». Estas negociaciones se producen en un momento crucial para la vida marina y un ambiente que es vital para el sistema alimentario mundial y la lucha contra el cambio climático. En la actualidad, sólo el 1,2 % de la alta mar cuenta con algún tipo de protección.

“Después de décadas de negociaciones y planificación, el mundo tiene una oportunidad que se da una sola vez en una generación de crear medidas de protección significativas para un ambiente que permita el desarrollo de la vida, tal y como la conocemos. Con el cambio climático y la sobreexplotación a escala industrial que actualmente está provocando un sorprendente descenso de la biodiversidad marina, puede que no tengamos otra oportunidad”, señala Peggy Kalas de High Seas Alliance.

“Es difícil exagerar lo determinantes que son estas negociaciones para la economía mundial del océano, de varios billones de dólares, fuente vital de alimentos para miles de millones de personas, y quizá la mejor protección que tiene el planeta frente al cambio climático“, afirmó Kalas.

Alta mar

La alta mar, que cubre casi la mitad de la superficie del planeta, es un verdadero bien común mundial que solo está protegido por una serie poco rigurosa de normas inadecuadas para hacer frente a las crecientes presiones sobre la columna de agua y el fondo marino, incluidos el cambio climático, la contaminación, la pesca y las actividades emergentes, como la minería en aguas profundas.

Las negociaciones, destinadas a alcanzar un acuerdo para la elaboración de un tratado jurídicamente vinculante que regule el uso sostenible de las BBNJ, comenzaron en 2006 y desde entonces se han visto favorecidas por la creciente concientización científica sobre la vida y los hábitats marinos de alta mar, así como sobre los peligros a los que se enfrentan a causa de las actividades humanas.

islas de plástico

Si bien en el pasado se consideraba como un lugar casi desprovisto de vida o demasiado alejado como para verse gravemente amenazado por la sobreexplotación humana, en la actualidad hay numerosas pruebas que indican que la alta mar sustenta una activa ecología marina que es fundamental para el suministro mundial de alimentos, la ecología terrestre y el sistema climático del planeta.

Sin embargo, el creciente alcance de los buques de transporte marítimo y de la tecnología de explotación minera de los fondos marinos, así como las nuevas actividades, como la «bioprospección», han permitido repentinamente el acceso a la alta mar y al lecho marino en aguas profundas, lo que amenaza con desentrañar la compleja red de vida del océano y revertir los importantes avances logrados en tierra para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Con las nuevas y emergentes amenazas que se ciernen sobre el océano cada día, se requiere liderazgo político para alcanzar un acuerdo sólido en estas conversaciones.

Un tratado a la altura

Para garantizar que el nuevo tratado supere la situación actual y esté a la altura de las décadas de esfuerzo invertido en subsanar las deficiencias en la gobernanza del océano, High Seas Alliance considera que debe brindar, como mínimo, varios elementos.

En primer lugar garantizar herramientas de protección de áreas marinas con una gobernanza clara con una red representativa y bien documentada de estas áreas, siguiendo las recomendaciones científicas. El tratado debería establecer un plan de gestión y medidas concretas para alcanzar sus objetivos, a fin de subsanar las deficiencias creadas por organizaciones regionales y sectoriales que, con la adopción de medidas discrepantes, no abordan los impactos acumulativos, intersectoriales y climáticos de las actividades humanas en la alta mar.

En segundo lugar, el acuerdo debe establecer requisitos uniformes y modernos de evaluación y consulta ambiental para todas las actividades propuestas que puedan tener efectos significativos o permanentes en la biodiversidad marina situada fuera de la jurisdicción nacional, independientemente de donde se realicen esas actividades. Además, debe garantizar que los intereses de la comunidad internacional en su conjunto estén representados.

Por último, debe establecer un sistema justo y equitativo de acceso y distribución de beneficios en relación a los recursos genéticos marinos; y un mecanismo eficaz de financiamiento que permita la creación de capacidades y la transferencia de tecnología marina para la implementación del acuerdo, en especial a través del apoyo para las ciencias oceánicas, el monitoreo y otras tecnologías, y la capacidad institucional, académica e individual.

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